sábado, 27 de junio de 2015

Enigma (P4)

En aquel momento se me heló la sangre. Recordé la advertencia del chico extraño con el que me había topado en el cementerio y comencé a temblar. Su advertencia fue clara y el mensaje lo era todavía más, ``Chivato detectado, matando...´´. Escuché un ruido extraño abajo en el edificio y tuve un mal presentimiento. Mi amigo siguió intentando publicarlo, no parecía nada sorprendido. 
-Tío, vámonos de aquí -le dije asustado.
-¿Por qué? Estamos en una biblioteca -me respondió tranquilamente.
La sala estaba envuelta en un silencio sepulcral salvo el sonido de las teclas siendo pulsadas en el teclado, el viento que arreciaba con fuerza golpeaba las ramas de los árboles en la ventana. Casi entrando en pánico revisé exhaustivamente la sala de la biblioteca. Mis pupilas se dilataron cuando vi subir por las escaleras a un hombre vestido de negro. No tenía traje ni nada por el estilo como en las películas pero no parecía un hombre de trabajo que viniese a estudiar. Más bien vestía ropa discreta y cómoda como preparado para una carrera. Eludió ingeniosamente a la señora de la mesa que le preguntó amablemente lo que buscaba en la sala y vino directo hacia nosotros. Su mirada penetrante me había dejado sin aliento, ya notaba como la adrenalina comenzaba a penetrar en mi sistema. Me levanté con sigilo e intenté salir de aquel lugar lo más seguramente posible. Manuel, sin embargo, seguía obsesionado con el ordenador a pesar de mis esfuerzos por alejarlo. El hombre de negro me observó y me dejó ir, como si estuviese perdonándome la vida por unos minutos para más tarde abalanzarse sobre mí. Llegó hasta Manuel. Los vi entablar una conversación, creo que sobre cómo hacer funcionar el ordenador. Yo ya estaba en la puerta, asomado, vigilando lo que pasaba como un cobarde, hasta que lo vi. Me quedé pálido. Todo lo que pude hacer en ese momento fue correr escaleras abajo, huir de mi futura muerte. Nunca lo olvidaré, no olvidaré lo que vi ocurrir en ese lugar. Aquel hombre le había tapado la boca a Manuel para después apuñalarlo en el pecho sin dudar, sin remordimientos.
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Enigma (P3)                                                Enigma (P5)

lunes, 22 de junio de 2015

Triya

Este es un especial, mucho más largo que los que acostumbro a escribir pero espero que os guste. 
Recientemente me he apuntado a un blog de escritores Adictos a la escritura, un blog en el que cada mes se expone un tema y los miembros escribimos sobre este. Este mes el tema es el calor.
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Triya

Mis pies descalzos caminaban vagamente por la abrasadora arena. Hacía calor, mucha calor. Mi visión estaba borrosa, no recuerdo si lo que veía eran imágenes o espejismos, ya no podía distinguirlos. Seguí caminando por horas, por kilómetros, mi sombra no existía, se la había comido el sol. Me tumbé en la arena tan rápido como pude al escuchar aquel sonido tan desagradable. Las cadenas rozándose unas a otras, los gemidos de los hombres, sus alaridos, los gritos de los señores, el sonido de un látigo arrancando la piel al contacto con esta. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Definitivamente no podía permitir que volviesen a encontrarme. Esperé. Había tardado mucho en escapar, solo tras la efectuación favorable de un laborioso plan había podido huir con mi hermana, pero debía darme prisa, las consecuencias de la esclavitud no podían ser ignoradas y los efectos del sol menos. Tan solo rezaba para que el oasis Triya apareciera ante mis ojos antes de que mi hermana enfermara. 
Por fin llegaba el atardecer y con él un poco de descanso, el sol desaparecía y daba paso a la piadosa luna. En el basto desierto, lejos de todo rastro de civilización y sin nada que pudiera hacer fuego, tuve que sentarme y dormir acurrucado entre la arena.
Al despertar con la salida del sol, posé mi mano sobre su frente. Era más fuerte de lo que yo creía pero el cansancio y la falta de agua acabarían por derribarnos.
De nuevo, caminamos por el desierto con la esperanza de que detrás de cada duna estaría nuestro ansiado oasis Triya. La última duna que subí se me hizo eterna, el calor era sofocante y comenzaba a marearme, pero fue peor cuando miré atrás y la vi tumbada en el suelo. Perdí el aliento y mis músculos recobraron su anterior soltura, llegué a ella en apenas tres segundos. La acurruqué en mi regazo. Tenía la cabeza ardiendo, la cara enrojecida y no había ni rastro de sudor. Casi entré en pánico. Me la subí a cuestas y comencé a caminar tan rápido como pude. Las piernas me flaqueaban y apenas distinguía hacia donde iba pero no paré, sabía que si paraba sería mi fin y el suyo. La noche se me echó encima y con ella, el preciado olvido.

domingo, 21 de junio de 2015

El dragón del tiempo (P3)

-En tiempos inmemorables -comenzó a narrar la profesora-, habitaban estas tierras una tribu muy especial. Vivían pacíficamente hasta que un día, un despreocupado muchacho, despertó de sus sueños a un gran dragón rojo, Ogadrak se llamaba, quien había sido sellado a causa de sus innumerables anteriores fechorías. 
>> Incendió estos bosques, privándolos de su esplendor. La tribu había enviado a grandes héroes, seres inimaginables entrenados para la batalla. Pero Ogadrak siempre devolvía sus cadáveres. El muchacho que lo había despertado, culpable como se sentía, fue en busca del dragón, como último recurso de la tribu. Estos se dieron por vencidos al ver que del chico noticias no llegaban y al contemplar cómo se incendiaban constantemente sus bosques. Emigraron en busca de otro lugar en el que poder vivir en paz y armonía con los seres que habitaran allí. 
>>Nada se volvió a saber del chico y nada del dragón, tan solo como resultado de aquello una extraña leyenda que traspasa las fronteras del tiempo. Se rumorea que en cada verano sus espíritus vuelven a estos bosque y libran una nueva batalla, los bosques arden en llamas ya que la batalla la gana el dragón solemos decir pues las autoridades nunca han podido lograr encontrar una explicación razonada a estos incidentes.
>>La leyenda menciona que algún día el muchacho logrará derrotarlo por completo y nunca más volverán a producirse incendios, pero no lo hará solo. Hay varios incidentes que corroboran que el muchacho se llevó consigo a la batalla a varios niños de diferentes épocas, todos ellos fueron encontrados en forma de cadáver calcinado. 
>>Hace ya cincuenta años que no se producen estas desapariciones. Doña Amelia, la fundadora del campamento, aun cree en esta leyenda y en que algún día se volverá a reclutar a un niño. Ella fue la última de las reclutas, y consiguió salir con vida. Ella dice que la leyenda no está completa, que le faltan datos. Pero con nadie ha querido hablar de ello. 
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